Una de las primeras obras del arquitecto Ricardo Bofill fue este conocido edificio, con el que se completaba una urbanización turística junto a la costa del mar Mediterráneo.
Debe su nombre a su variada gama cromática derivada del color rojo. Se trata de un edificio configurado en forma de cruces griegas, cuyos brazos (de unos 5 m) albergan los apartamentos turísticos, mientras que las intersecciones se dedican a las torres de servicios (cocinas y baños).
La impresión formal es una más que evidente evocación de la arquitectura mediterránea y árabe, en particular las torres de adobe norteafricanas y las casbah árabes. El verdadero laberinto de pasajes, terrazas, solariums, piscinas y saunas, escaleras y patios comunicados entre sí, esconden, no obstante, un meditado plan geométrico, heredero de la estética constructivista. A distancia, la impresión es la de una fortaleza que se alza sobre los acantilados.